Mi experiencia con la terapia hormonal: lo que aprendí al equilibrar mi cuerpo durante la menopausia.

Durante la perimenopausia, muchas mujeres enfrentamos síntomas que nos toman por sorpresa: cansancio, insomnio, irritabilidad, niebla mental y cambios en la piel o el peso. En mi caso, decidí dar un paso más y probar la terapia hormonal (HRT) después de mucha investigación, conversaciones con mi ginecóloga y una profunda reflexión sobre mi bienestar. Esta es mi experiencia, contada desde el corazón y con la esperanza de que te ayude a tomar decisiones más informadas.

Por qué decidí iniciar la terapia hormonal

Mi energía había disminuido, mi humor era inestable y mi descanso ya no era reparador. Sabía que algo más profundo estaba ocurriendo. Al hablar con mi médica, confirmamos que mis niveles de estrógeno y progesterona estaban bajando, afectando mi metabolismo y mi sistema nervioso. Tras revisar mis antecedentes y opciones, elegí el parche combinado de estrógeno y progestina, una alternativa segura y práctica para quienes aún conservamos el útero.

Por qué elegí el parche en lugar de las pastillas

La razón fue simple: el parche transdérmico libera las hormonas a través de la piel, evitando el paso por el hígado y reduciendo el riesgo de coágulos. Además, mantiene los niveles más estables y es fácil de usar. Mi médica me recetó la dosis más baja posible para comenzar, y decidimos ajustarla solo si mi cuerpo lo necesitaba. Esa precaución fue clave.

Lo que aprendí durante el proceso

La primera lección fue la importancia de escuchar al cuerpo. Llevé un diario de síntomas donde anotaba cambios en el sueño, el ánimo y la energía. Noté mejoras graduales: menos sofocos, más claridad mental y una sensación general de calma. Pero también aprendí que no todo es inmediato; el equilibrio hormonal requiere tiempo y paciencia.

También descubrí que el parche no es impermeable. Si vas a nadar o sumergirte en agua caliente, conviene cubrirlo con una venda resistente o reemplazarlo después. Otro detalle importante: hay que alternar los lugares de aplicación para evitar irritaciones en la piel.

El estilo de vida también importa

La terapia hormonal no es una “cura”, sino una herramienta dentro de un plan integral. Incorporé movimiento diario, respiraciones profundas y una alimentación basada en el enfoque antiinflamatorio: más frutas, verduras, granos integrales y grasas saludables. También me inspiré en planes como la dieta mediterránea y el enfoque Galveston, que ayudan a mantener la energía estable y la mente clara.

Lo que nadie te dice

No todas respondemos igual. Cuatro mujeres pueden usar la misma dosis y experimentar resultados distintos. Por eso, la supervisión médica es esencial. La clave está en la comunicación abierta con tu profesional de salud y en no compararte con nadie más. Tu cuerpo tiene su propio ritmo.

Reflexión final

La menopausia no es el fin, es una transformación. Con la información correcta, acompañamiento y hábitos conscientes, puede convertirse en una de las etapas más sabias y poderosas de tu vida. Mi experiencia con la terapia hormonal me enseñó a confiar en mi cuerpo y a recordar que el autocuidado no es egoísmo, es una forma de amor propio.

Este contenido tiene fines educativos y no sustituye la orientación de un profesional de salud. Consulta siempre con un especialista antes de iniciar cualquier tratamiento o suplemento.

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