A veces, los mayores aprendizajes llegan cuando dejamos de hacer algo que creíamos rutinario. Después de años tomando suplementos naturales para aliviar los síntomas de la perimenopausia, decidí hacer una pausa obligada. No fue por falta de fe en ellos, sino porque necesitaba someterme a una cirugía menor. Lo que no imaginé fue el impacto que tendría dejar de tomar esas hierbas, y todo lo que aprendería sobre mi cuerpo en el proceso.
La pausa que no planeé
Después de ser mamá de dos niños maravillosos, desarrollé una pequeña hernia umbilical que debía corregir. Esperé hasta que mis hijos fueran más grandes y pudieran ayudarme durante la recuperación. Pero cuando dejé mis suplementos, noté cambios casi inmediatos: me sentía más cansada, irritable y con menos paciencia. Dormía mal, me costaba concentrarme y hasta mi ánimo se volvió más inestable. Fue un recordatorio claro: “no valoras lo que tienes hasta que lo pierdes”.
Las hierbas que me acompañaban
Durante años, estas plantas habían sido mis aliadas naturales:
- Fenogreco (Fenugreek): un fitoestrógeno que imita el estrógeno natural y ayuda a reducir los sofocos y estabilizar el estado de ánimo.
- Hierba de San Juan (St. John’s Wort): utilizada para aliviar la ansiedad, los cambios de humor y los episodios leves de tristeza.
- Dong Quai: mejora la circulación, la energía y contribuye a regular los ciclos menstruales irregulares.
- Shatavari: una raíz conocida por equilibrar las hormonas femeninas y apoyar la libido en etapas de transición hormonal.
- Chasteberry (sauzgatillo): regula los niveles de progesterona y ayuda a disminuir los bochornos.
- Epimedium: mejora la vitalidad, combate la fatiga y refuerza la salud ósea.
Lo que ocurrió al suspenderlas
En pocos días, mi cuerpo me recordó por qué las tomaba. Los sofocos regresaron, el sueño se volvió ligero y los pequeños momentos de irritabilidad aumentaron. No fue solo físico: también fue emocional. Entendí que las plantas habían estado ayudando a equilibrar algo más profundo —mi energía, mi paciencia y mi paz mental.
El redescubrimiento del autocuidado
Como muchas mujeres, había puesto a mi familia primero durante años. Pero esta pausa me enseñó que cuidarme no era un lujo, sino una necesidad. Volví a darme permiso de descansar, de pedir ayuda y de reconocer lo mucho que mi cuerpo hace por mí todos los días. Las hierbas volvieron a formar parte de mi rutina, pero esta vez desde un lugar distinto: con más conciencia y gratitud.
Lo que me dejó esta experiencia
Este proceso no fue solo una pausa física, sino emocional. Comprendí que la naturaleza nos ofrece herramientas poderosas, pero que el verdadero equilibrio empieza dentro de nosotras. A veces, detenerse también es parte del camino.
Este contenido tiene fines educativos y no sustituye la orientación de un profesional de salud. Consulta siempre con tu médico antes de usar suplementos herbales o iniciar cualquier cambio en tu rutina de bienestar.
