A partir de los 35 años, muchas mujeres comienzan a notar que su cuerpo ya no responde igual que antes. Los mismos hábitos que antes mantenían el peso estable o la energía alta dejan de funcionar. Esta transición no ocurre de la noche a la mañana, pero marca el inicio de un cambio profundo en el metabolismo, impulsado por las hormonas y el estrés cotidiano.
El metabolismo y las hormonas después de los 35
Durante la juventud, el cuerpo tiene una gran capacidad para recuperarse: comer tarde, dormir poco o soportar el estrés no parece causar consecuencias inmediatas. Pero con el paso del tiempo, las hormonas —especialmente el estrógeno y la progesterona— comienzan a fluctuar y eso altera cómo el cuerpo maneja la glucosa, la energía y la grasa corporal.
Estos cambios hormonales afectan el uso del azúcar como fuente de energía, reducen la tolerancia al estrés y dificultan la concentración o la memoria. Algunas mujeres notan que pueden caminar o moverse sin problema, pero les cuesta mantener el enfoque mental o se sienten agotadas después de tareas cognitivas. Son señales tempranas de una desaceleración metabólica.
Por qué cuidar la salud metabólica es clave
El metabolismo influye en todos los sistemas del cuerpo: inmunológico, cardiovascular, nervioso y óseo. Mantenerlo estable a partir de los 35 años no solo favorece el control del peso, sino que ayuda a tener más energía, una mejor memoria y una respuesta más equilibrada frente al estrés. Las mujeres que llegan a los 40 con un metabolismo saludable tienden a atravesar la perimenopausia con menos síntomas y una recuperación más rápida.
Cómo las hormonas cambian la distribución de la grasa
Durante la menopausia, el estrógeno disminuye más rápido que la testosterona, creando un desequilibrio. Esto puede hacer que el cuerpo almacene más grasa en la zona abdominal en lugar de las caderas o muslos. Además, el estrés crónico y los niveles altos de cortisol potencian esta tendencia, generando esa clásica acumulación alrededor del abdomen que muchas mujeres notan a partir de los 45 años.
No se trata solo de estética: la grasa abdominal está relacionada con mayor inflamación y resistencia a la insulina. Por eso, el objetivo no debe ser perder peso a toda costa, sino mejorar la sensibilidad metabólica y la respuesta hormonal.
Estrategias naturales para apoyar el metabolismo
- Entrenamiento de fuerza: Levantar pesas o usar resistencia ayuda a activar los músculos, quemar grasa de forma más eficiente y mejorar la sensibilidad a la insulina.
- Alimentación equilibrada: Prioriza proteínas de calidad, verduras ricas en fibra y grasas saludables. Evita los picos de azúcar, los ayunos extremos y las dietas muy bajas en calorías.
- Descanso y control del estrés: Dormir bien regula las hormonas del apetito y reduce el cortisol. Técnicas como la respiración profunda o la meditación pueden marcar la diferencia.
- Apoyo digestivo: La pérdida de estrógeno y progesterona también afecta al intestino. Aumentar el consumo de fibra, prebióticos y alimentos fermentados puede mejorar la salud intestinal y reducir la hinchazón.
- Movimiento diario: Caminar, estirarte o simplemente mantenerte activa a lo largo del día mejora la circulación y mantiene tu metabolismo despierto.
Redefinir el cuerpo y la energía
El objetivo en esta etapa no es “volver al cuerpo de antes”, sino construir una versión más fuerte, consciente y adaptada a esta nueva fase. Con pequeños cambios sostenidos, el cuerpo puede recuperar equilibrio, energía y claridad mental. Cada paso hacia una mejor salud metabólica es una inversión en tu bienestar futuro.
Este contenido es informativo y no sustituye la evaluación de un profesional de salud.
