Muchas personas confían en las hierbas para dormir mejor, mejorar la digestión o “subir las defensas”. El problema es que no todo lo natural es inofensivo, especialmente cuando hablamos de los riñones. Estos órganos filtran la sangre, regulan líquidos, presión arterial y electrolitos, pero suelen ser los grandes olvidados hasta que algo empieza a fallar. Por eso es importante conocer qué hierbas conviene usar con cuidado y cuáles podrían ser aliadas dentro de un estilo de vida saludable.
Cuatro hierbas que pueden ser un riesgo para tus riñones
Algunas plantas se han asociado con daño renal directo o con interacciones peligrosas cuando se combinan con medicamentos. No se trata de generar miedo, sino de usar la información para tomar decisiones más seguras.
- Aristolochia: es una familia de plantas tradicional en algunos sistemas médicos antiguos. Hoy se sabe que ciertos compuestos de esta hierba pueden dañar gravemente el tejido renal y aumentar el riesgo de ciertos tipos de cáncer urinario. En muchos países está prohibida. El riesgo actual suele venir de productos mal etiquetados o importados sin control.
- Raíz de regaliz: en pequeñas cantidades, como en una infusión ocasional, suele ser bien tolerada. El problema aparece con el consumo frecuente y concentrado, porque puede favorecer la retención de sodio, la pérdida de potasio y el aumento de la presión arterial, factores que sobrecargan los riñones.
- Ajenjo (wormwood): se ha usado para digestión y parásitos. Ciertos compuestos de esta planta pueden ser tóxicos en dosis altas y se han descrito casos de daño agudo, especialmente con extractos muy concentrados o aceites esenciales ingeridos sin supervisión.
- Hierba de San Juan (St. John’s wort): su problema principal no es el riñón en sí, sino las interacciones con medicamentos. Puede alterar la forma en que el cuerpo metaboliza fármacos importantes, incluidos algunos usados en trasplante renal y otras enfermedades crónicas.
Tres hierbas que suelen considerarse aliadas del bienestar renal
Del otro lado, existen plantas ampliamente estudiadas por su posible efecto antioxidante y antiinflamatorio. No sustituyen tratamientos médicos, pero pueden formar parte de un enfoque global de cuidado.
- Cúrcuma: su compuesto más conocido es la curcumina, investigada por su capacidad para modular procesos inflamatorios y oxidativos. Integrarla en la cocina (guisos, sopas, aderezos) puede ser una forma sencilla de sumar color y potencial apoyo al organismo.
- Jengibre: tradicionalmente usado para digestión y náuseas, también se estudia por su impacto sobre la inflamación y el metabolismo. Consumido en infusiones o como parte de las comidas puede ser un buen complemento dentro de un plan de alimentación equilibrado.
- Astrágalo: raíz muy utilizada en medicina tradicional asiática como apoyo a la energía y al sistema inmunológico. Algunos trabajos la mencionan como planta de soporte en salud renal cuando se usa bajo supervisión profesional, especialmente en combinación con otras estrategias de cuidado.
Hábitos que protegen más que cualquier hierba
Más allá de las plantas, los riñones se benefician sobre todo de decisiones constantes:
- Controlar la presión arterial y el azúcar en sangre con ayuda profesional.
- Evitar el exceso de sal y ultraprocesados.
- Mantener una hidratación adecuada según las indicaciones médicas
